Cuando masticamos, la saliva se mezcla con los alimentos y comienza a descomponerlos incluso antes de que lleguen al estómago.
Esto hace que la digestión sea más fácil y que nuestro cuerpo aproveche mejor los nutrientes. Para cuidar esta importante función y mejorar nuestra salud de forma sencilla, basta con masticar despacio y bien cada bocado, beber suficiente agua durante el día para mantener la boca hidratada, y evitar comidas muy secas o procesadas que obliguen a la boca a trabajar más.
También es bueno cepillarse los dientes y la lengua después de comer, ya que una boca limpia produce saliva de mejor calidad. Pequeños hábitos como estos ayudan a que la digestión sea más ligera, reducimos la hinchazón y nos sentimos con más energía después de comer.
¡Cuidar algo tan simple como la saliva puede marcar una gran diferencia en cómo nos sentimos cada día!
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